sábado, 9 de octubre de 2010

¿Eternos adolescentes?


“No quiero crecer, ni ser responsable, seguro y estable (…) no quiero compromisos ni hacerme cargo”, cantaba Ciro Pertusi, ex voz principal de Attaque 77, en “Crecer”: canción que describe los pensamientos de un hombre con alma de niño que no quiere crecer más (ver video). Hoy en día ésta parece ser la imagen que tienen los adultos de los jóvenes; la de niños grandes que extienden su adolescencia más de lo que deberían y que se niegan a aceptar el paso del tiempo.

Valeria Fito, de 32 años, no supo desde el principio cuál era su vocación. Cuando terminó la secundaria en 1994 y recibió el título en Bachillerato Mercantil, comenzó la carrera de Administración de Empresas en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE), creyendo que lo suyo eran los números. Sin embargo, un año de cursar dicha carrera le alcanzó para darse cuenta de que no era así: “la verdad es que no me gustó para nada, ni Administración de Empresas, ni la universidad en sí. Lloré un montón”, cuenta Valeria. Por eso fue que, luego de consultarlo con sus padres, decidió abandonar sus estudios. Y Valeria no fue la única: según una encuesta realizada por el Centro de Opinión Pública de la Universidad de Belgrano, cuatro de cada diez estudiantes se arrepienten de su elección en el primer año de la carrera.

En la encuesta, que se realizó en el año 2007 e incluyó a más de 1000 estudiantes del CBC y de primer año en 22 carreras diferentes, el 38,9% de los encuestados expresó, ya en primer año, no estar conforme con su elección y admitió que debería haberse inclinado hacia otra carrera. Por otra parte, el 80% indicó que no tenía pensado abandonar la carrera; ni siquiera cuando el 20% de ellos creía haber elegido en forma incorrecta.

“Cuando me di cuenta de que habia elegido mal decidí optar por otra de las carreras que también me gustaba, – explica Valeria – y me anoté en la Universidad del Salvador para estudiar Psicología”. Cinco años después, cumpliendo con el tiempo estipulado para recibirse, obtuvo su título de Licenciada. “Es una carrera que me gustó muchísimo cursar y si tuviera que elegir de nuevo, tomaría la misma desición”, agrega sonriendo.

Sin embargo, su trabajo actual consiste en una tarea muy diferente a la que realizaría una psicóloga: se trata de la produccón de seguros. “Desde que tengo 18 años trabajo como productora de seguros con mi papá. Fue mi primer y único trabajo”, cuenta la licenciada en psicología que, hasta los 29 años, siguió viviendo en la casa de sus padres. “Como vivía con mamá y papá mi sueldo me lo gastaba o, mejor dicho, mal gastaba en ropa, porque me encanta la ropa- recuerda entre risas – Pero desde que me mudé es diferente: ahora hay que pagar los gastos de la casa”. La casa a la que se refiere Valeria es la que comparte con su marido, Diego Bolognessi, de 31 años, con quien se casó antes de su cumpleaños número 30. De esta manera, Valeria queda incluída en el grupo de mujeres que se casan entre los 25 y los 29 años y que, según estadísticas del Registro Civil de la Ciudad, son la mayoría.

De acuerdo con los datos obtenidos por la oficina de Dirección Técnica del Registro Civil de la Ciudad, desde hace ya unos años, las mujeres que se presentan ante el juez de paz entre los 25 y los 29 años, conforman alrededor del 35% del total de las que se casan: 35,58% en 2005, 36,59% en 2006 y 34,47% en 2007, lo cual implica que la edad promedio para casarse es 29 años. El año pasado, sólo el 12,08% contrajo matrimonio entre los 20 y los 24 años, grupo que, treinta años atrás, representaba la mayoría de los casos. En cuanto a los hombres, en 2007 el 29,17%, representando la mayoría, de aquellos que se casaron, tenían entre 30 y 34 años; la edad promedio pasó de ser 28 en 1970, a 31 en la actualidad.

Dos años después de casarse, Valeria, a los 31 y Diego a los 33, tuvieron a Renata, su primera hija. “Con Diego sabíamos que después de casarnos queríamos esperar dos años antes de tener hijos, así que todo salió de acuerdo a nuestros planes”, cuenta Valeria, y agrega que, luego de haber tenido a Renata, decidieron esperar otros dos años antes de la llegada del próximo bebé.

Si bien treinta años atrás la mayoría de las mujeres que tenían hijos lo hacía entre los 20 y los 25 años, actualmente, según datos registrados por la Dirección General de Estadísticas y Censos del Ministerio de Hacienda de la Ciudad, sólo el 33,77% decide ser mamá a esa edad, mientras que el 37,5% de las mujeres tiene a sus hijos entre los 26 y los 34 años de edad.

Este parece ser también el caso de María José Pastor, de 29 años. Hace un mes, María José se casó con Manuel Rojas, de 34 años, y ambos prefirieron esperar un tiempo antes de ser padres. “Decidimos esperar unos años para primero poder desarrollarnos en lo profesional. Por ahora, esa es nuestra prioridad”, cuenta María José, que hace dos años terminó la carrera de medicina, refiriéndose también a Manuel, que es preparador físico.

A pesar de que tuvo claro desde el principio que quería estudiar medicina como su papá, para María José empezar la carrera no resultó una tarea sencilla. “Hice el secundario en un colegio privado con orientación en Ciencias Naturales, pero cuando empecé el ingreso en la Universidad Nacional de La Plata, me di cuenta de que todo lo que me pedían era muy diferente a la preparación que me había dado el colegio”, explica. Así que, un año después de haber terminado el secundario, se anotó en la Universidad de Buenos Aires (UBA) para comenzar el CBC de medicina. Sin embargo, tiempo después decidió inscribirse en la Universidad del Salvador, donde más tarde obtuvo su título.

A los 18 años María José ya se había mudado de la casa de sus padres – primero a una pensión, luego a un departamento -, pero ellos siguieron siendo su soporte económico hasta los 27 años, cuando se recibió y comenzó a trabajar. “Mientras cursaba la carrera no trabajé. Mi primer trabajo lo tuve como residente en el Hospital Francés, en la parte de neonatología, después de recibirme", explica, y cuenta que luego de ese trabajo hizo un año como residente en el Hospital Posadas, y actualmente trabaja como becaria en el Sanatorio Guemes. “Mi primer sueldo lo recibí hace dos meses, cuando empecé a trabar como becaria, y lo usé para comprarme ropa”, recuerda María José.

Según estadísticas realizadas por el Registro Civil de la Ciudad, en los últimos treinta años la tasa de nupcialidad cayó un 43%. De acuerdo con datos obtenidos por la Secretaría de Salud del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, hace treinta años nacían casi 19 bebés por cada mil habitantes, mientras que actualmente nacen 12. Hoy los psicanalistas hablan de una juventud que se niega a aceptar el paso del tiempo, y que, por el contario, busca la eterna adolescencia (ver nota Clarín), pero ¿es esto realmente así?

Es cierto que los tiempos se aplazaron y que hoy en día cuesta mucho más dar el primer paso: cuesta admitir que es hora de crecer y que el inevitable camino hacia la adultez conlleva una lista de responsabilidades con las que todavía no estamos dispuestos a cargar. Pero creo que esta actitud, denominada “negación”, se trata en realidad de un cambio que surgió, en parte, como consecuencia de los nuevos tiempos. A diferencia de lo que ocurría décadas atrás, hoy mantenerse económicamente cuesta mucho más: alquiler, alimentos, indumentaria, impuestos; todo es mucho más caro. Sumado a esto, los estudios requieren más años que antes: hoy la mayoría de las profesiones requieren especialización constante que, además de tiempo, demandan dinero.

Entonces, sí, es cierto que el momento de irnos de “la casa de mamá y papá” no es el que era antes. Pero también es cierto que, como demostraron Valeria y María José, no todos pretendemos ser eternos adolescentes.

2 comentarios:

  1. NO QUIEROO CRECERRR!!!
    me gustó mucho la nota
    los números asustan, pero es la verdad
    por quéee es tan dificil??? jajaja

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  2. Heeey, why arent you writing in English?!
    Best regards,
    Fashion Ranger
    http://fashionranger.blogspot.com

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